Cada vez estoy más convencido de que en el universo, en la vida, recibimos lo que damos, y tenemos lo que Somos.
Dar y recibir: Externamente, en la medida que somos algo (generosos, creativos, amables, prósperos…) con los demás, a la vez el mundo lo es con nosotros. (Igual algunos tienen la experiencia contraria… lo trataremos luego).
Internamente, si nos queremos, aceptamos, respetamos, valoramos, y nos tratamos con amor, así nos tratarán los demás.
Lo de dentro es como lo de fuera. Las relaciones que tenemos son un espejo. La vida es un ciclo de dar y recibir.
Mientras sigo, escucha esta canción de Jorge Drexler, “Todo se transforma”. ¡Una genialidad!
¿Y qué pasa cuando creemos que somos de una manera (generosos, entregados…) y el universo no nos devuelve lo mismo?
Puede que no lo seamos tanto, que no lo seamos al 100%, sino que lo hacemos esperando un resultado, damos esperando recibir. Y entonces, curiosamente, no lo recibimos. Esperamos ansiosamente, pero no lo recibimos. Y sentimos injusticia, rencor, decepción, desesperación, depresión…
Quizá nuestras acciones vienen del ego, y no del corazón, del SER. Puede que, inconscientemente, nos hemos sentimos carentes, y hemos dado esperando recibir (esperando que algo o alguien tape y compense nuestra carencia). Y eso nunca funciona. A corto plazo, sí. A largo plazo, nunca.
Recuerda la ley, lo de dentro como lo de fuera. Si internamente nos sentimos carentes, poco dignos, poco valiosos, eso es precisamente lo que el universo nos devuelve.
Probablemente haya gente que dice que sí se quiere, pero que todo está en su contra. Yo creo que esto no puede ser toda la verdad. Porque si su entorno es tan hostil, ¿qué hace esa persona metida ahí sistemáticamente? Probablemente ese entorno le dé la ilusión de tapar esa o alguna otra carencia. No es nada evidente, es muy sutil, pero es así. Y si no, ¿Cómo se explica que una persona que se ame a sí misma, permanezca en un lugar que lo destruye? No, no puede ser.
Esto también ocurre con relaciones conflictivas (de pareja, laborales, familiares, amigos…), llamadas relaciones de dependencia.
Lo que funciona es aceptar, amar, superar nosotros esta carencia. Sentirnos carentes significa que nos sentimos culpables de ser como somos en algún aspecto. Pero esto no es más que una creencia del ego.
Se suelen intentar 3 soluciones:
1. Tapar nuestras carencias con otros, con adicciones (drogas, alcohol, comida, sexo, compras… y otras más socialmente aceptadas, como trabajo, relaciones, éxito, saber…). Es la solución más fácil, menos efectiva y más destructiva. Alivia, pero nunca sacia nuestra sensación de vacío. Y por el camino, si la adicción es muy dañina, nos dañaermos nosotros y a nuestro entorno. Lo cual tampoco es muy raro. Si nos sentimos culpables de algo, y la culpa busca castigo, la adicción cierra el círculo vicioso, castigandonos a nosotros mismos y a nuestro entorno.
2. Compensar nuestras carencias, desarrollándonos. Esta solución se basa en darnos nosotros mismos aquello por lo que nos sentimos carentes (culpables). Si pensamos que somos tímidos, abriéndonos. Si somos dependientes, fomentando nuestra autonomía. Si pensamos que no sabemos, aprendiendo. Si pensamos que no podemos, atreviéndonos.
El problema es que a veces con esta solución, nos confundimos. E intentamos “ser mejores” para que nos lo reconozcan, para que nos quieran. Y se puede convertir en otra trampa del ego. Buscamos la aprobación de los demás en esa carencia, para que parezca que ya no la tenemos. Y entramos en una competencia brutal con los demás, y con nosotros mismos, para demostrar/nos que somos dignos de amor. Pero nunca es suficiente, siempre necesitamos más, y la inseguridad vuelve antes de lo que deseamos. Cuando empleamos este método desde la perspectiva equivocada, tampoco resulta efectivo a largo plazo, aunque cansado sí que lo es.
3. Comprender que nuestras carencias son ficticias. Nuestra carencia es sentirnos culpables por ser de una determinada manera. Pero hay personas que no se sienten culpables por ser así. Entonces debe haber algo en nuestra visión de nosotros mismos que provoca esta culpabilidad, este malestar.
La solución pasa por reconocer que lo que percibimos es una ficción del ego. Reconocer, aceptar, y amar esta carencia en nosotros. Nosotros ya estamos bien, pero no lo sentimos así. Algunos lo expresan diciendo que “estamos bien“, otros que “somos perfectos así”, otros que somos “hijos de Dios”, otros que “somos parte de Dios”, otros que “somos Uno con Dios“…
Algunos creen que esta es la mejor solución, la más difícil, la única… Y que hace falta una eternidad para lograrlo… Pero que se puede lograr en este instante, ahora.
¿Lo has sentido tú alguna vez? Hay gente que lo siente en medio de la naturaleza. Otros practicando su hobby, cuando sienten que crean algo con una fuerza externa increíble (inspiración), escuchando música, contemplando la belleza, contemplando a sus hijos… Una sensación de unión con todo, de plenitud, de energía…
Yo a veces lo siento, y a veces no. Cada vez me doy cuenta antes de este juego, al que, obviamente, sigo jugando
.
Nota: No pretendo demostrar nada de esto, es una opinión que cada vez se hace más fuerte en mí, debido a las experiencias que voy teniendo. Sobre esto, habla el famoso libro “Un curso de milagros”. O la filosofía Advaita Vedanta, o No Dualidad. Autores como Ken Wilber, Krishnamurti, Anthony de Mello, Deepak Chopra… Algunas ideas de estos autores pueden parecer ideas muy raras, como de otro mundo. Y en realidad son de otro mundo, de otra percepción. Libros menos “duros” para iniciarse son “Las 7 leyes espirituales del éxito“, de Deepak Chopra, cualquiera de Anthony de Mello, o “El poder de la intención” de Wayne Dier.
Etiquetas: Adicción, Advaita Vedanta, amor, Consciencia, Dependencia, Emoción, Relaciones
Me encanta tu blog, este consiste en dar esperanzas contando pantomimas a personas que no habrán tenido tu suerte en esta vida. Espero que por lo menos el negocio sea lucrativo.
No puedo estar de acuerdo con tu opinión.
Los artículos son sólo reflejo de mi experiencia personal, y de mi experiencia profesional a través de mis clientes. Por lo tanto no son pantomimas, aunque puedan parecértelo, y estás en tu derecho. No hablo de nada que no haya experimentado.
Sí que me considero una persona afortunada. Aunque el bienestar personal, muchas veces depende más de otras cosas (nuestra manera de interpretar y desenvolverse en la vida) que de la suerte. Conozco personas con menos suerte que yo, y mucho más felices, y otras, muchísimo más afortunadas, pero insatisfechas
Te deseo mucha suerte, y que encuentres aquella filosofía y metodología que te apoye, porque claramente la mía, no es para ti.
Saludos