El día de la lotería de navidad, se convierte en el día de la salud para todos los que no nos toca. Ais (suspiro).

El pasado domingo fue el día de los enamorados. Ais (suspiro). Pero para todos nosotros, enamorados de otra persona o no, todos los días deberían ser el Día del amor propio.

El amor propio es la clave para tener unas relaciones saludables con los demás.

¿A qué me refiero con amor propio? Escuchad la letra de esta canción de Ismael Serrano, “Canción de amor propio”.

Por amor propio me refiero a autoaceptación, autovaloración, autoestima… Básicamente tiene dos componentes: un sentimiento de capacidad personal y un sentimiento de valía personal. En otras palabras, la suma de la confianza y el respeto por uno mismo. Refleja el juicio implícito que hacemos de nuestra habilidad para enfrentarnos a los desafíos de la vida (para comprender y superar los problemas) y de nuestro derecho a ser feliz (respetar y defender nuestros intereses y necesidades). (1)

El modo en que nos sentimos con respecto a nosotros mismos afecta en forma decisiva todos los aspectos de nuestra experiencia, en la vida personal y profesional, y por supuesto en las relaciones.

Nuestras relaciones con los demás son un reflejo de nuestra relación con nosotros mismos. Las relaciones son un espejo de lo que somos. Si somos irresponsables, nuestra relación afectiva será irresponsable. Si somos deshonestos, nos uniremos a personas con mentiras. Si somos inseguros, nuestro vínculo afectivo será ansioso, dominado por el miedo y el apego. Pero si somos libres y emocionalmente sanos, nuestras relaciones afectivas serán respetuosas, libres de apego, enriquecedoras. (2)

Por amor propio no me refiero a narcisismo o egocentrismo. No es tenernos sólo en cuenta a nosotros, o pensar que tenemos más derecho que el otro. No es valorar el mundo y las relaciones sólo en función de lo que significa (de su utilidad o peligro) para nosotros mismos, sólo a través de nuestros deseos y temores. No es manipular al otro como un objeto.

Cuando no tenemos un amor propio sano y consistente, al relacionarnos con los demás aparecerá la dependencia. Establecemos relaciones dependientes para tapar una carencia propia. Y si en esa relación conseguimos suplir nuestra carencia, se instala el apego, para evitar el dolor de la pérdida, o mantener la satisfacción de esa relación.

En las relaciones dependientes, nuestras carencias pueden ser múltiples. Veamos algunas:

- Si creo que no soy capaz de autoabastecerme a mí mismo, tendré miedo a la desprotección, y me apegaré alguien que me dé seguridad (que me dé lo que necesito).

- Si soy hipersensible al rechazo o al fracaso, tendré miedo al abandono, y me apegaré a las señales de que la relación perdura y el otro es confiable (que no me deje).

- Si no me considero digno de amor, tendré miedo al desamor, y me apegaré a las manifestaciones de afecto y deseabilidad (que me quiera).

- Si no me considero valioso, tendré miedo a la desaprobación o desprecio, y me apegaré a las manifestaciones de admiración y reconocimiento (que me reconozca mi valor).

Evidentemente que como seres humanos, es difícil no generar apegos. Incluso cualquier relación, por sana que sea, probablemente generará algún tipo de apego al bienestar y fluidez que sentimos en ella. Lo problemático sería no superar ese apego si finalmente la relación no perdura.

Si nos ponemos como objetivo el amor universal, incondicional… de algunos libros, probablemente nos frustraremos por el camino. En ocasiones lo pregonado por algunos gurús es de difícil aplicación en este mundo terrenal para muchos de nosotros (y puede que incluso también para ellos).

Mi propuesta es identificar nuestros sufrimientos y miedos, para encontrar nuestras dependencias y apegos.
- En primer lugar, aceptar las dependencias. Aceptarlas no significa que tenga que gustarnos. Sólo significa que reconocemos que son reales, que están ahí, que son nuestras.
- En segundo lugar, ir trabajando nuestras dependencias, para alcanzar mayores cotas de autonomía.
De esa manera, poder establecer relaciones más libres de apego. Lo que no significa no amar, protegerse, no involucrarse, y en última instancia, no intimar o no relacionarse.

Ni que decir tiene que este trabajo es infinitamente más real si estamos en una relación (en cualquiera de sus variantes), que si estamos leyendo un libro solos en casa, sin otra persona con la que relacionarnos, confrontar y vivir la realidad. El trabajo es más productivo, y lamentablemente, más incómodo. En definitiva, más real.

¡Os deseo un fantástico día del amor propio! ¡Y a mí también! ;-)

(1) Basado en la definición de autoestima de Nathaniel Branden.

(2) Adaptado de Riso, Walter, “Amar o depender”, Ed Planeta /Zenith

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6 respuestas para “Día del amor propio”

  1. HAY QUE VIVIR SIN APEGOS!!!!!!!!!!!…..SOLO VIVIR COMO SI FUERA NUESTRO ULTIMO DIA SIEMPRE Y DANDO LO MEJOR DE NOSOTROS A TODO SER MORTAL….A LA VIDA.

  2. Jose dice:

    Bueno, el que no tenga autoaceptación, autovaloración, autoestima, creo que tiene un problema, al menos si esta situación es prolongada… sin duda debe ser el origen de un estado depresivo del que será complicado salir.

    Por otra parte, muchas veces la sociedad no te deja mostrar tu propia autoaceptación, si lo haces eres un bicho raro, tu propia autovaloración, eres un engreído, o tu autoestima, eres un narcisista… y tienes que retraerte, disimularlo o esconderlo, lo cual no creo que ayude a mantener estos sentimientos sanos.

    En cuanto a las carencias ¿hay alguien que no las tenga? No creo ni que pudiéramos vivir sin ellas… una red social se basa precisamente en encontrar en los demás lo que a uno mismo le falta, y si quieres estar integrado en la sociedad, tu también tienes que poner de tu parte, cubriendo las necesidades de otras personas, así que ¿quien puede hoy en día tener amor propio, autoestima, sin tener carencias? Solo se me ocurre una persona, Tarzán, a todos los demás nuestra “selva” social nos lo impide… ¿es entonces la sociedad contraproducente para la persona individual? Bueno, tenemos que adaptarnos, pero en general creo que funcionamos bastante bien.

    Cada día me gusta más tu blog.

    • ¡¡Muchas gracias por tu comentario!!

      Sí, José, creo que tener autoaceptación, autoestima o autovaloración por los suelos es un problema emocional. No siempre presenta síntomas de depresión. A veces miedo, ansiedad, culpa, rabia…

      El día a día es así. A veces nos mostramos como somos y no gustamos a los demás. Entonces, ¿Qué hacer?
      - La opción que yo propongo es ser uno mismo, y desapegarse de la aprobación del resto (este desapego no es fácil, pero se consigue a base de exponerse, y se gana en consistencia emocional).
      - Otra opción es manejar nuestra imagen, pero por elección consciente, y teniendo muy claro quienes somos y por qué modificamos nuestra imagen. No engañarnos.
      - Otra opción, que es la más dañina, pero a veces la más común, es inconscientemente cambiar porque pensamos que somos inadecuados, o para que nos quieran. Es vender nuestra alma al diablo, y caer en la dependencia y malestar emocional.

      Totalmente de acuerdo en que todos tenemos carencias (carencias respecto de algo, algo con lo que nos comparamos, ya sea un ideal, u otras personas). El tema no es tanto no tener carencias, sino aceptarlas y manejarlas, y si quisiéramos, desarrollarnos para avanzar.

      También creo que podemos apoyarnos en otras personas. No sabemos de todo, y hay gente más hábil que nosotros en infinidad de aspectos. El problema es colgarnos de ellos, hacernos dependientes, renunciar a nuestra capacidad de desarrollarnos.

      De todas formas, el amor propio, y la autoestima no dependen de no tener carencias. No hay que ser perfecto para ser querible, para tener derecho a ser feliz, o para ser capaz de vivir por uno mismo.

      Con lo de que la sociedad es contraproducente para la persona individual… ¡¡menudo temazo!! Muchos pensadores han hablado sobre ello… (ej: Erich Fromm, “el miedo a la libertad”). A veces para estar en sociedad, y ganar en seguridad, respeto, convivencia… se cede en libertades individuales. Parece que ese es el precio que el sistema ha decidido poner…

      ¡Un saludo!

  3. Jose dice:

    Exponerse tiene unos riesgos que muchos no son capaces de asumir, quizá por falta de amor propio! jeje. Pero coincido contigo que es la mejor manera aceptarse, aunque otros no lo hagan. Caminemos en este sentido, y si es necesario, además, manejemos nuestra propia imagen, puf! a ver si no nos perdemos…

    Por otra parte a mi no me cabe duda de que la sociedad es contraproducente para el desarrollo de las libertades personales del individuo. Para ser socialmente aceptables tenemos renunciar a nuestra propia libertad (afortunadamente no a toda). El comportamiento gregario nos aleja de la felicidad, pero nos permite vivir mejor, aun a costa de no sentirnos plenos. Como dijo Azaña “La libertad no hace felices a los hombres, los hace sencillamente hombres”

    En fin… voy a seguir trabajando…

    • Sí, quizá no nos exponemos por falta de amor propio, necesidad de que nos quieran… y entonces damos otra imagen (manipulamos, consciente o inconscientemente). Es un peligroso juego, en el que es fácil perderse. Por eso creo que exponerse, a pesar de la opinión del resto, es la manera más rápida de aceptarse. Y desde la aceptación propia, es más factible manejar la imagen sin perderse (si es que se quiere manejar la imagen).

      Difícil equilibrio entre las libertades individuales y colectivas, entre “vivir mejor en la sociedad” y “sentirnos plenos”. Aquí cada uno tiene que encontrar su equilibrio.

      Genial la frase de Azaña. Gracias!

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