Hay muchas maneras de llamarlo. Como decían los de vaya semanita, “ganas de tocarse los huevos” (ver post “ríete del psicólogo”). O “mamá, no quiero ir al cole”. O “Como me toque la lotería, mi jefe no me vuelve a ver el pelo”. O “¿ya es 1 de septiembre?”… (Puedes escribir un comentario con tu forma de llamarlo).
Básicamente el síndrome puede presentar los siguientes síntomas:
- Mental y emocionalmente: No querer ir a trabajar, falta de interés, apatía, tristeza, nerviosismo, irritabilidad, agobio, hacerse cuesta arriba las obligaciones…
- Físicamente, dolores de cabeza, de estómago, taquicardia, sensación de falta de aire…
Ojo, no digo que a todos les tenga que pasar esto.
Simplificando mucho, puede haber dos razones para sentirlo:
1. Estoy mejor de vacaciones que en mi trabajo. Solución: Proceso de adaptación.
2. Estoy mejor en cualquier sitio que no sea mi trabajo. Solución: Un poco más difícil…
¿Qué hacer si nos sentimos así? veamos…
1. Estoy mejor de vacaciones que en mi trabajo
Creo que esto le pasa a un gran número de personas. Bien es cierto que hay unos cuantos afortunados a los que les encanta tanto su trabajo, que ni se cogerían vacaciones. Hay otros no tan afortunados que les gusta tan poco su vida fuera de su trabajo, que tampoco se las cogerían. También hay algunos que su vida gira en torno a su trabajo, y que su sensación de valía personal la obtienen casi exclusivamente de su desempeño.
Este comentario es para el resto de mortales. ¿Qué hacer? La respuesta es sencilla. Nada. Ir a trabajar. No darle más importancia. Este pequeño malestar se pasa. Ya tenemos experiencia de otras vacaciones.
En ocasiones se le llama estrés postvacacional. Estrés en el sentido que tenemos una mayor activación para adaptarnos a la nueva situación. Y un poco de estrés no es malo. Sirve para adaptarse.
Pero, ¿no se puede hacer nada? Bueno, sí, hay algunos trucos que recomiendan los expertos del síndrome vacacional (por expertos en este caso me refiero a los profesionales que lo estudian, no a los que lo padecen cada año, cada domingo…
)
1.1 Aceptar que no nos apetece volver al trabajo.
No decirse frases como: “Tendría que apetecerme”, “Tendría que haber sido suficiente descanso”… Se trata de no luchar contra nosotros mismos. No nos apetece, y punto. No significa que no vayamos a trabajar. Significa que vamos a ir, pero que no nos apetece. Paradójicamente este estado de no lucha, le quita importancia al hecho, y acelera el proceso de adaptación. ¡La pereza se vence levantándose!
Puede que también haya ciertos aspectos de nuestro trabajo que no nos gusten. Están ahí. Son reales. Si nos centramos demasiado en ellos, o en autoconvencernos de que no son importantes, les damos más importancia. Si puedes centrarte en lo positivo, hazlo (en realidad, si pudieras, ya lo estarías haciendo). Si no puedes, pasa.
1.2 No exigirse el 120% desde el primer día.
Es como volver a hacer deporte. Al principio nos cuesta más, somos más torpes, y tenemos agujetas. Pero se pasa. Los futbolistas hacen pretemporada. Y empiezan poco a poco.
¿Y si mi jefe / clientes me exigen estar al 120% desde el minuto 1? Bueno, que te lo exijan ellos no significa que te lo tengas que exigir tú. Aumenta el ritmo a tu ritmo.
1.3 No pensar en lo que nos espera a la vuelta.
Si pensamos en todo lo que tendremos que hacer, probablemente nos parezca inabordable. Y puede que tengamos ansiedad. Se llama ansiedad anticipatoria. Es debido a que nuestra mente se imagina lo que puede pasar (y a veces se pone en el peor de los casos). Y como no estamos en el trabajo para poder tomar decisiones, no se resuelve nada, sino que se hace una pelota más y más grande. Solución: Estar consciente en el momento presente, estar atento a lo que hacemos, hacer actividades muy gratificantes antes de volver. Es por higiene mental.
1.4 Adaptar horarios y rutinas.
Para hacer la transición más sencilla, desde un punto de vista físico/fisiológico. Descansa más al principio.
1.5 Planificar actividades gratificantes después del trabajo.
No sólo al principio. Esto es aplicable todo el año.
2. Estoy mejor en cualquier sitio que no sea mi trabajo.
Entonces el síntoma de no querer ir al trabajo esconde conflictos de fondo.
Hay que comprender que las vacaciones no solucionan nada. Las vacaciones forman parte del ciclo natural de la vida. Actividad/descanso. Día/noche. Invierno/verano. Vigilia/sueño. Trabajo/vacaciones. Si tenemos “el vaso lleno o desbordado”, si ha caído “la gota que colmó el vaso”, las vacaciones sirven para vaciar el vaso. Pero si al volver seguimos con el vaso debajo del grifo, la situación vuelve a ser la misma.
Puede que sea el momento de realizar cambios. Ahí van algunas propuestas para que investigues. No son exhaustivas, y no pretenden resolver, sólo plantear posibilidades:
2.1 No te gusta tu trabajo.
¿Quieres algún otro puesto en la organización? ¿Quieres cambiar de organización o de actividad? ¿Necesitas formarte en otros campos?
2.2 No te sientes bien pagado / reconocido.
¿Puedes renegociar tus condiciones? ¿Crees que te merecías un ascenso que no te han dado? ¿Hay promesas incumplidas? ¿Sientes envidia de algún compañero / jefe?
2.3 El ambiente es muy hostil.
¿Es un entorno altamente estresante, y está minando tu salud? ¿Estás sometido a maltrato / mobbing / acoso? En ese caso, puede que lo sano sea cambiarse.
Los puntos 2.1, 2.2 y 2.3 se refieren a cambiar el entorno. Pero en ocasiones lo que necesitamos es un cambio de actitud.
2.4 No sé qué me pasa, pero no puedo con mi trabajo.
- Quizá esperamos que no haya conflictos. Nos hemos hecho dependientes del “buen rollo”. Y a veces hay mal rollo. Los conflictos son reales, existen. Y muchas veces son necesarios, para poder llegar a otro equilibrio. Por otro lado, los conflictos generan emociones, a veces desagradables. Solución: Investigar porqué estamos tan incómodos con los conflictos. Aprender a ser más efectivo en ellos.
- Quizá esperamos que las cosas sean más fáciles. Nos hemos hecho dependientes de tener condiciones favorables, de acertar siempre, de no esforzarnos demasiado, de no cambiar nuestra manera de hacer las cosas, de que no nos cambien el tipo de trabajo o el método… Solución: Flexibilidad ante nuevas situaciones. Aumentar nuestra capacidad de resolver problemas. Pedir ayuda.
- Quizá esperamos que todo nos salga bien, perfecto, que todos nos reconozcan lo buenos /competentes /productivos que somos… Solución: Aumentar nuestra consistencia emocional ante la crítica de los demás, ante los errores…
Estas tres propuestas, a grandes rasgos coinciden con las tres principales fuentes de dependencia según la Terapia Racional Emotiva de Albert Ellis.
- Tienes que tratarme bien.
- Tengo que tener condiciones favorables.
- Tengo que hacerlo bien.
Sobre estas creencias se puede trabajar para adquirir una mayor consistencia emocional, y sobreponerse a los síntomas del síndrome postvacacional.
Si ya estás en el trabajo, mira si puedes aplicar algo de este post. Y si sigues de vacaciones… disfruta como un loco/a!!!
Que me digan que no me queda bien el nuevo corte de pelo o que mi colchón es muy blando lo llevo. Eso sí. Lo que no llevo tan bien es aceptar que aunque me esfuerzo no siempre me salen bien las cosas, que tartamudeo cuando el jefe está delante y que no soy tan buena profesional como mi ferviente imaginación querría. Me voy a recetar humildad (y 15 días de vacaciones más al año). Mi vuelta de vacaciones sería más sencilla si bajara de mi nubecita de grandiosidad. Muy buen artículo, muchas ideas sencillas con mucho fondo.
No es nada fácil tener tanta claridad como tú. Me ha encantado tu comentario.
Parece que tienes una alta motivación por hacer las cosas bien, y que te esfuerzas, y que te importa que te reconozcan como buena profesional.
El primer paso es reconocerlo, y ya lo has dado.
El remedio, claro está, también te lo has recetado, la humildad. Aunque no es fácil de aplicarlo.
El paso intermedio a veces consiste en aceptarnos, incluso aceptar nuestra falta de humildad.
A veces nos exigimos cosas que nuestra experiencia aún no nos ha dado. Quizá no seamos tan buenos como querríamos. Quizá no todo dependa del esfuerzo, de nosotros mismos. Quizá simplemente la experiencia nos hace humildes, no porque haya que serlo, sino como consecuencia de que no sabemos todo.
Curiosamente después la humildad es la que nos hace aprender más, y ser mejores profesionales.
En el periódico Cinco Días han publicado el 12/09/2009 un artículo mío relacionado con el síndrome postvacacional. La filosofía es la misma. La diferencia es que en el de Cinco Días se analiza un poco más la incidencia real en la población española.
http://www.cincodias.com/artic....._5/cdspor/